martes, junio 21, 2022

Insatisfacción del desempleo

Las narrativas sobre el desempleo son estigmatizantes e infundadas.

Todos alguna vez hemos sentido esa necesidad de productividad, arraigada en nuestro ser y en lo más profundo de nuestra psique. A partir de cierta edad, tenemos la terrible costumbre de compararnos con los demás, en relación con nuestros propios logros y cómo, en nuestra propia reflexión, nos damos cuenta de que no hemos realizado mucho a comparación de lo que los demás han logrado.

Esto, obviamente, es una horrible costumbre que tenemos como seres humanos, dado que el éxito es una percepción subjetiva de cada quién y todos lo pueden medir de distintas maneras.

Tal vez esto provenga de una mal llamada concepción de competitividad, promovida sobretodo entre hombres (padres de familia, hijos, hermanos) avalada en la escuela y confirmada en los puestos de trabajo. Es este último rubro el que quiero tocar y esto se puede sentir como una confesión debido a la utilización de la Primera Persona del Singular. Por mucho tiempo he sentido esta necesidad de productividad, pero sobretodo llevo ya un tiempo prolongado transitando en lo que quiero denominar “la insatisfacción del desempleo”

Se estigmatiza mucho, a partir de cierta edad, a aquel que no tiene un empleo y no cumple con los estándares de lo que se debería de esperar de él/ella en ese punto de su vida. ¿Quién promueve estos estándares? llámese liberalismo, neoliberalismo o libertarismo, lo cierto es que los estigmatizados suelen ser objetos de ataque por parte de estos grupos, hay una necesidad imperiosa de llamarles “flojos, mantenidos, vividores” por parte de estos grupos de la sociedad mexicana que a todas luces está “en contra de la improductividad y de todo aquel que no aporte a la economía y ergo, vive de nuestros impuestos” (está sustentado que esto no es posible) existe un artículo muy interesante en este tema:

https://economia.nexos.com.mx/acostumbrados-a-vivir-del-estado-mitos-en-la-construccion-social-del-inmerecimiento-de-programas-sociales/

Se pretende establecer una dicotomía: los que aportan vs los que no. En sí, no hay ninguna diferencia sustancial en el valor de una persona que trabaja contra una que no. Supongamos que usted estuvo en el desempleo un periodo prolongado y de repente logra conseguir uno: ¿repentinamente ya se volvió una persona con mayor valor? es realmente un disparate.

Es, otra vez, la narrativa meritocratica la que impone estos parametros y paradigmas, pretendiendo hacer menos al improductivo. Pueden haber miles de factores por las que una persona podría no estar trabajando, pero el recurso discursivo siempre es el mismo: “flojos, huevones, pónganse a hacer algo” primo hermano del: “son pobres porque quieren” dicho sea de paso.

Cualquiera puede caer en lo que quiero llamar “la trampa del desempleo“, se sabe. Favor de no interpretar este escrito como un panfleto para abolir el empleo, como sugieren las corrientes marxistas, porque esta no es la intención de quién escribe (ahora en tercera persona), se equivocaron en Auschwitz con eso de que “el trabajo nos hará libres” porque no es así; el trabajo dignifica, pero no vamos a encontrar la libertad ahí.

Es bien sabido que en México se necesita urgentemente una Reforma Fiscal, para hacer que los grandes contribuyentes paguen lo que tienen que pagar, todo esto, influenciado por las amnistías fiscales de esta administración y las anteriores. A pesar de ser la decimosegunda economía más grande del mundo, México se encuentra en el último lugar por recaudación entre los países industrializados que forman parte de la OCDE —el llamado “club de los países ricos”.

Quienes viven bajo la lógica del capital y el consumismo estarán en desacuerdo con lo desplegado aquí, difícilmente concordarán quienes piensa que “el bien común se alcanza viendo primero por los intereses del individuo antes de los del colectivo” no se pretende cambiarlos de bando, sino tratar de cambiar las narrativas y discursos conforme a este tema, entender que la lógica del libre mercado ya no debería imperar en estos tiempos de urgencia por el cambio climático.

Todo esto no son más que ejemplos de cómo la modernidad liquida sigue incursionando en todos los espacios.

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