martes, mayo 17, 2022

Argentinizados

La argentinización de la LIGA MX ha tenido repercusiones futboleras, pero también sociales.

Siempre me ha gustado todo lo relacionado con la cultura argentina, por alguna razón que todavía no conozco. La forma de hablar, de gesticular, de expresarse, el tono, el acento, su pasión por el futbol o su comida. Incluso la forma de conjugar los verbos, diferente al castellano de Norte y Centro América (salvo Honduras y El Salvador, según recuerdo). Aunado a esto, he soñado un par de veces que estoy en Buenos Aires y en La Bombonera.

Su pasión por el futbol se ha desvirtuado de manera radical. El fútbol argentino se ha visto inmerso en incidentes de violencia desde hace más de 50 años, todo por una pasión mal entendida que se ha importado a otros países, incluyendo a México. La Liga MX está argentinizada desde hace varias décadas, entiendase este neologismo de la manera correcta: no implica ninguna connotación negativa ni tiene una carga de crítica.

La gran mayoría de extranjeros provienen del país de las franjas azul y blanca, incluso las barras mexicanas han adoptado cánticos argentinos haciendo los cambios correspondientes (el equipo, usualmente). No solo entonan los mismos himnos, también gesticulan de la misma forma, usan los mismos artefactos (bengalas, cuetes, trapos).

En Argentina, en lenguaje barrista, el aguante es una especie de fidelidad que el hincha guarda hacia su equipo, que incluye: alentar incondicionalmente en todo tipo de momentos, dar la vida, golpearse con la hinchada visitante, defender los colores, etc.

Las barras se manejan igual que una pandilla urbana: los elementos simbólicos, la disputa de un territorio y la fidelidad por un concepto se asemeja con sus homologos pandilleros, incluso con los carteles de la droga. En la tierra de Gardel el asunto ha sido prioritario en la discusión futbolera por los últimos 50 años: con situaciones trágicas, disturbios, muertos y quilombo alrededor o dentro de una cancha de fútbol.

Se han creado asociaciones civiles con el objetivo de erradicarlas (sin éxito) o por lo menos disminuir su poder de decisión e influencias en las dirigencias de los equipos argentinos: se sabe públicamente de esta influencia, en varios equipos los barristas deciden quien juega y quien va a la banca.

Allá decidieron que las barras visitantes ya no iban a ir a los estadios: acá se decidió lo mismo. Parece que cada paso que el fútbol argentino da, el mexicano lo imita inmediatamente.

En el medio, Rafael Di Zeo, ex líder de la 12, la barra de Boca Juniors

Se sabe que el descenso por cociente es una importación del fútbol argentino, impuesto allá para proteger los intereses de los equipos grandes (no sirvió, River se fue a la B en 2011 e Independiente en el 2013) y parece que acá se impuso con el mismo objetivo.

Periodistas como Heriberto Murrieta de ESPN ha señalado la argentinización de la LIGA MX, haciendo énfasis en la desaparición de tradicional “chiquitibum a la bim bom ba“, sustituido por el “dale dale dale dale oh”. ¿Qué tanta culpa tiene la argentinización de la LIGA MX de la espiral de violencia que se vive actualmente en los estadios? ¿Vale la pena seguir con las barras, porque ponen ambiente? Parece un argumento muy pobre el del ambiente, como si los aficionados no barristas no tuvieran su propia voz para alentar y apoyar.

Es un fenómeno muy curioso cómo adoptamos las costumbres futboleras de un país que se parece muy poco al nuestro. Tal vez hubieron muchos intereses económicos para la imposición y consolidación de esta tendencia, pues las barras, al fin y al cabo, son activos de los equipos y les constituye un medio adicional de publicidad (¿gratis?).

Tal vez sería más saludable asomarnos a nuestra propia cultura para promoverla dentro del fútbol, aunque es posible que ya sea muy tarde porque el germen de la violencia ya germinó. Por cierto, es muy ingenuo pensar que la ola de violencia en el fútbol azteca pueda ser erradicada con educación, jornadas de lecturas en zonas marginales y en general “con cultura”.

Es como cuando dicen que el problema principal del país es la educación, que cuando “haya más educación” todo se va a solucionar y los niveles de vida subirán, así como la prosperidad. Una tremenda ingenuidad, llevado este asunto al renglón futbolero, sería seguir estas sugerencias.

Es una solución demasiado simplista, parecida al: “dale un libro a un niño y nunca tomará un arma” recordemos que la gente educada, preparada y estudiada es la misma que está en los congresos locales y que no tienen fama de ser personas rectísimas e impolutas.

Estas sugerencias caen en el clasismo, como si asistir al teatro, ser una enciclopedia humana y en general ser participe de la “alta cultura” te eximiera, por alguna divinidad, de no caer en pedanterías, violencias, corrupción y actitudes reprochables. La solución está más allá, pero no la vamos a encontrar en clichés hegemónicos de moda.

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